En el año 1960, la ciudad de Clorinda, fuertemente influenciada por la cercanía y la vibrante cultura de Paraguay en su gastronomía, costumbres, danzas y música (guaranias y polcas), se encontraba en una búsqueda de su propia identidad cultural y musical argentina. En medio de un panorama con escasos medios de difusión que dificultaban la llegada masiva de zambas y chacareras, cuatro jóvenes entusiastas decidieron suplir ese vacío, uniendo sus voces, talentos y pasión folclórica. Así nacía “Los Changuitos Norteños”, el primer conjunto folklórico de la ciudad.
Es así que Santiago «toto» Mayans, Mariano Fretes, Nino Coenes y Francisco Franco en una primera formación, decidieron unir sus voces y cantar con hondo sentir las canciones de la Patria. Comenzaron a sonar fuertemente las melodías que hablaban de nuestros gauchos, del arriero de nuestra zona, del amor en vuelo de zambas, en serenatas, fiestas patronales pueblerinas y tímidas peñas que comenzaban a vivenciar el rescate de nuestra identidad cultural argentina.
El carisma y la simpatía que caracterizaban a Los Changuitos Norteños les permitieron trascender las fronteras de Clorinda, actuando en importantes medios paraguayos como Radios Cáritas y Ñanduti, e incluso en la Casa Argentina, dependiente de la Embajada Argentina. Recorrieron distintas provincias del país, llevando su música y cautivando al público.
Mariano Fretes, quien más tarde se consagraría como solista vocal ganador del festival mayor del Folclore Argentino en el año 2000, relató una anécdota fundacional sobre el primer bombo del conjunto. Dada la dificultad de los caminos, los viajes, las distancias y el costo económico, no contaban con un auténtico bombo legüero, como los que se escuchaban en Santiago del Estero o en manos de referentes como Los Fronterizos o Los Chalchaleros. Para resolverlo, acudieron a un carpintero de muebles local, quien construyó el instrumento con madera terciada y el aro con madera de palma de la zona. El resultado fue un bombo extremadamente pesado, difícil de trasladar y con un sonido que no se asemejaba al que sonaba en los tocadiscos de la época.
La necesidad de cultivar el canto folklórico argentino impulsó la organización de reuniones para el intercambio musical. Un papel crucial en la identificación con el folklore nacional lo desempeñó la Gendarmería Nacional, ya que la llegada de sus efectivos desde distintas provincias inyectó a la zona un rico repertorio de expresiones como cuecas, zambas, chacareras, chotis, bailecitos, carnavalitos y chamamés.
Y fueron las serenatas, arraigadas en la tradición regional, los improvisados escenarios donde las expresiones culturales combinaban espontáneamente, música, canto, danza y poesía, con gran importancia social y cultural sirviendo como puente de expresiones de amor, alegría, coraje, homenaje y celebración.
En estas celebraciones de participación comunitaria se resaltaba la identidad cultural de la región, fortaleciendo los lazos de amistad. Más allá de un simple acto musical, esta manifestación cultural, rica en significado, que conecta a las personas, celebra la vida y preserva la historia y las tradiciones
